Monitor Republicano y Liberal ´96

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Investigación histórica, grupera y futbolera

Friday, November 18, 2011

La Frontera Nómada, una obra editorial vigente en el contexto porfirista y revolucionario




Para ALMA I. RAMÍREZ L. y JORGE A. BARRÓN M., dos amigos que junto conmigo terminamos nuestra carrera universitaria en su tiempo formal


Por Eduardo Marcos


No cabe duda que La Frontera Nómada. Sonora y la Revolución Mexicana (LFN) es una de las más grandes obras clásicas de la historiografía sonorense (pero no perfecta) del siglo XX sobre el periodo revolucionario local. Es del historiador, ensayista y escritor Héctor Aguilar Camín (HAC), quien extrañamente no es un sonorense, sino un quintanarroense (o “guacho” como dirán algunos regionalistas apasionados) nacido en 1946 y que anduvo en estas tierras áridas durante la primera mitad de la década de los 70 del siglo pasado. A decir de HAC, esta obra fue producto de su tesis de doctorado que realizó en El Colegio de México siendo parte de la generación 1969-1974. La concluyó bajo los auspicios del Departamento de Investigaciones del INAH y la presentó en 1975 siendo su título original "La Revolución sonorense, 1910-1914", en dos tomos. Tomando en cuenta el año de su graduación, el autor se doctoró apenas a los 29 años, edad que en estos tiempos resulta ser muy joven para alcanzar dicho grado.

En 1977 LFN fue publicada por primera vez en libro bajo el sello de Siglo XXI Editores en varias ediciones sin cambio (también en SEP/ CONACULTA en la colección “Cien”, 1985) y más tarde por Cal y Arena (1997 y 1999, reimpresión). En esta última editorial se hizo un buen trabajo de edición que constó ahora de 623 páginas, dos cuadros estadísticos, un prefacio (como lo fue en 1977) y la relación de fuentes archivísticas y bibliográficas. Además por primera vez el autor decidió incluir dos cuadernillos con mapas y fotografías históricas, un índice onomástico (de personajes y autores citados) y una nota explicativa a esta edición. Llama la atención que HAC no cite la fuente de donde obtuvo dichas ilustraciones, además de que algunas no son nítidas.

La primera vez que escuché hablar de LFN fue cuando cursaba el tercer semestre de la licenciatura y que era de HAC, que en ese entonces lo tenía identificado como un periodista que con cierta frecuencia presentaba sus comentarios en televisión abierta. Ya en el cuarto semestre fue cuando revisé por primera vez parte de este libro dentro de un curso teórico sobre la Revolución Mexicana y que a priori no me pareció interesante, tal vez por el formato editorial de Siglo XXI Editores que es de letra pequeña, párrafos extensos y sin espacio interlineado (no recomendable para lectores empedernidos). Al final de ese curso, un compañero había fotocopiado parte de LFN, pero de la editorial Cal y Arena que se presenta con un letra más grande que hacía atractiva su lectura. Quede impresionado cuando vi y palpé aquel voluminoso libro y todo lo que contenía. A partir de ese momento, me quedé con las ganas de adquirirlo, pero sabía que no sería fácil por dos motivos: uno, porque no estaba disponible en ninguna de las librerías locales; y dos, porque si estuviera en existencia su precio sería caro en comparación si lo adquiría en una librería del D. F.

Aunque el autor en su nota de esta segunda edición aclaró que había eliminado adjetivos, separado párrafos y limpiado la puntuación de su obra, todavía se aprecia párrafos extensos que debieron ser separados para una lectura más ágil. Es digno de resaltar que a diferencia de las dos anteriores ediciones que conocí de LFN (1977 y 1985) que fueron editadas con letras pequeñas, en esta edición de 1997 la letra es mucho más grande, lo cual beneficia a las personas mayores de edad o/y con vista cansada. Ahora HAC tuvo cuidado que LFN fue editada en un formato editorial de alta calidad. También es oportuno resaltar que el estilo narrativo del autor en este libro, se asemeja a una novela, lo cual puede ser beneficioso o perjudicial, dependiendo de quién lo lea.

Siguiendo la propuesta historiográfica de Alan Knigh sobre los estudios de la Revolución Mexicana, el trabajo de HAC quedaría clasificado dentro de una tercera generación de escritores que surgió después de la segunda mitad de los años setenta y que maduró: los baby-boomers. Son más numerosos y más profesionales; tienen una visión más cercana y concentrada; pero sufren de miopía. Son quienes han “saqueado” los archivos locales y nacionales como nunca antes y a diferencia de sus predecesores, han tratado de evitar concentrarse en las élites y los líderes para ver la historia desde abajo (campesinos, soldados, obreros, indígenas). En otras palabras, es el llamado revisionismo histórico sobre un determinado evento del pasado para darle un nueva reinterpretación a través de fuentes y documentos rescatados del polvo y del olvido.

La LFN se divide en cuatro grandes bloques titulados “I. Composición de lugar”, “II. El maderismo en Sonora”, “III. El constitucionalismo sonorense” y “IV. Victoria y fundación”, que comprenden trece capítulos en total y estos a su vez se subdividen en apartados, que por cierto no están desglosados en el índice como sucedió con las versiones de la primera edición. Después de leer minuciosamente a LFN, ésta se centra con mayor énfasis en los orígenes históricos, sociales, políticos y económicos de los principales líderes, caudillos y jefes revolucionarios sonorenses; el desarrollo del maderismo en Sonora y la cruenta etapa constitucionalista en la cual los norteños fueron parte importante del triunfo carrancista sobre Victoriano Huerta y después sobre los “convencionistas”. Los sonorenses resultaron a la vez la facción disidente del carrancismo que ascendió al gobierno nacional a partir de 1920 y que se prolongó hasta 1935, etapa conocida en la historiografía política como el “Sonorismo”.

Puede considerarse a LFN como un trabajo de historia regional con varias y fuertes ramas hacia el contexto nacional, en el cual HAC con sus nuevas interpretaciones sobre la Revolución Mexicana en Sonora y a través del hallazgo de documentos históricos de gran valor, abolló las estatuas de bronce tanto de Plutarco Elías Calles como de Álvaro Obregón de lo que realmente fueron y pretendieron ser en sus respectivas vidas después de 1920. El movimiento revolucionario de los sonorenses es sui generis porque los protagonistas involucrados pertenecieron a diferentes estratos sociales y económicos siendo hacendados, profesores, agricultores, burócratas, profesionistas independientes, grandes comerciantes y obreros que por razones personales y circunstanciales tuvieron una importante participación. Es la historia de los Benjamín Hill, Salvador Alvarado, Adolfo De la Huerta, Álvaro Obregón, José María Maytorena, Plutarco Elías Calles, Ignacio L. Pesqueira y otros personajes menores de cómo fueron gestando sus respectivos futuros políticos antes, durante y después de la coyuntura revolucionaria (1910). En las siguientes líneas presento un resumen de cada una de las partes mencionadas.

Primera parte. Esta se compone de los capítulos “El sur” y “De Guaymas a Cananea”, los cuales fungen para un lector no sonorense, un escenario descriptivo general de todas las microrregiones y de las principales características económicas y sociales que adquirieron los pueblos y centros urbanos más importantes del estado durante el transcurso del siglo XIX, principalmente durante el régimen porfirista a la llegada de Francisco I. Madero a Navojoa en 1910 durante su segunda gira electoral por el país. Por su gran extensión geográfica y riqueza en recursos naturales, Sonora fue vista por muchos políticos, inversionistas y empresarios (nacionales como extranjeros) de la época, como un espacio para producir y obtener riqueza como nunca antes después que el progreso y civilización llegaron procedentes del gobierno nacional encabezado por Porfirio Díaz. Fértiles valles como el Yaqui, Mayo y de Ures, importantes haciendas productoras de garbanzo y trigo, fuerte actividad bancaria y comercio internacional por mar (Guaymas), pujante desarrollo ganadero en la zona serrana (Arizpe y Moctezuma), producción minera en cobre como fue el caso de la Cananea Consolidated Copper Company (CCCC), y un alto tráfico fronterizo de mercancías con los Estados Unidos (Agua Prieta y Nogales), fueron los segmentos de una economía local que alcanzó su clímax en 1907. A la par de este recorrido económico-geográfico, HAC resalta los nombres de las familias locales más importantes que se ubicaron en determinada microrregión, incluyendo sus orígenes históricos y sus representantes más importantes para 1910. Muchas de estas familias tuvieron presentes en la administración pública, lo cual quedó plasmado con la formación de alianzas y parentescos que establecieron con otras de diferentes rumbos; otras más, quedaron al margen o fueron sacadas después del ascenso de triunvirato sonorense (Corral, Torres e Izábal), lo que evidenció una inconformidad y que más tarde jugaron una oposición radical en contra del gobierno estatal y federal. Ejemplo clásico fueron los Maytorena, una importante familia de hacendados que establecieron sus dominios en el distrito político de Guaymas y sus alrededores desde 1805, siendo José María Maytorena hijo el personaje más importante durante esos años. Como quedó plasmado antes, el progreso y la civilización fueron dos factores que contribuyeron a un bienestar socioeconómico en la mayoría de la población sonorense, sin embargo esto generó sus contrapartes. El progreso se tradujo en la instalación del ferrocarril, el cual se le dio preferencia que cruzara por las zonas costera y llana del estado beneficiando Navojoa, Hermosillo, Magdalena y Nogales. Poblaciones históricas se quedaron sin el beneficio del “caballo de hierro” como Álamos, Ures y Arizpe; otras surgieron con su paso como Empalme y Santa Ana. Las empresas mineras de capital norteamericano ubicadas en la zona serrana, construyeron para su fin privado líneas férreas que conectaron a Cananea y Nacozari con Naco y Agua Prieta respectivamente y conectarse al mercado americano. La civilización se tradujo en exterminio y deportación de cientos de yaquis quienes siempre defendieron su valle desde tiempos coloniales, ahora frente al gobierno estatal y federal a los que calificaron como rebeldes e improductivos para el desarrollo económico del estado. Fue un evento que, junto con represión de la huelga de mineros en Cananea en 1906, afectaron la imagen que tenía el triunvirato sonorense a nivel nacional, en particular a Izábal. En general, este primer apartado es bastante amplio y minucioso, por lo que se pueden seguir (o se han seguido) líneas de investigación dentro de la historia política, familiar o empresarial en el régimen porfirista.

Segunda parte. Comprende tres capítulos, en el primero “Una insurrección de cien cabeza”, se refiere al contexto nacional referente a las elecciones presidenciales de 1910 en las cuales Madero fue víctima de represalias y cargos imputados después de la asombrosa popularidad que había adquirido en dos años, pese al desprecio y burla que manifestaron los porfiristas. Una vez que el “Apóstol” logró escapar de San Luis Potosí, distribuyó publicidad impresa entre los principales partidarios para declarar nulas las elecciones, se autonombraba presidente provisional de la república y convocaba a los mexicanos a la insurrección el 20 de noviembre. En Sonora, los dirigentes maderistas poco a poco empezaron a difundir su llamado a través de la prensa local, siendo Maytorena el personaje más importante que fundó una junta revolucionaria en Nogales, Arizona y que pronto fue identificado por simpatizantes y por las autoridades locales que lo vieron como un peligro en contra de la tranquilidad pública. Los primeros movimientos armados en la entidad empezaron hasta a mediados de diciembre y de manera desorganizada por los distritos de la zona serrana como Arizpe y Sahuaripa, y que se tradujo en derrotas. La principal desventaja que tuvieron los maderistas sonorenses, según HAC, fue la poca disponibilidad de fondos económicos para comprar armamento y pagar a soldados, lo cual los llevó a emplear el recurso de ataque de guerrillas en los primeros meses. El éxito de la insurrección no fue fácil, pero con el paso de los meses varios sectores sociales que se mantuvieron neutrales o incluso leales a las autoridades, mostraron su apoyo moral y económico a la causa maderista. Ya para el mes de mayo, gran parte del estado quedó en manos de los maderistas, a excepción de Hermosillo, Guaymas, Nogales y Magdalena. En el segundo capítulo “La restauración maderista”, el autor aborda el proceso de negociación y transición del gobierno nacional y estatal para entregar el poder a manos de los representantes del movimiento maderista. En Sonora la transición debió darse más pronto, ya que a finales de julio de 1911 se efectuarían elecciones constitucionales a gobernador y vicegobernador, en contraste a las federales en octubre. En ese lapso de dos meses, los principales jefes maderistas trataron de resolver sus diferencias políticas que surgieron tras la caída del triunvirato sonorense. En dicho periodo, HAC resalta tres problemas serios que pudieron generar más fricciones. El primero fue la reactivación del bandolerismo yaqui el cual sólo había sido controlado durante el porfirismo, pero al ya no existir el control gubernamental los indígenas empezaron a invadir propiedades ajenas, robar ganado y cosechas, asesinar, destruir haciendas, etc. Esta situación se trató de resolver de la manera más rápida, incluso hubo comisiones oficiales que viajaron al D. F. para pedir apoyo del gobierno federal, pero esto nunca tuvo una resolución de paz final. El segundo asunto fue el licenciamiento de las fuerzas armadas “insurrectas”, lo cual no se dio de manera completa en la entidad, ya que los jefes militares se rehusaron a hacerlo al considerar como una forma de traición a la causa revolucionaria y los efectos que conllevaría dicho proceso al generar hombres desempleados. Parte de estas fuerzas estatales fueron más tarde importantes en el futuro próximo. El tercero fue la cuestión electoral en el ascenso al gobierno local. Maytorena fue visto por la mayoría de los maderistas como el hombre ideal ocuparlo, lo cual quedó ratificado en las votaciones del 30 de julio al ser electo casi unánime. El punto de discordia fue la vicegubernatura por la que existieron dos fuertes aspirantes, Eugenio Gayou y Francisco de Paula Morales. La victoria electoral recayó en el primero, con quien Maytorena no se identificaba plenamente, debido a su pasado porfirista y por su impopularidad ante los jefes maderistas. En este mismo capítulo se resalta el origen histórico, social y económico y el ascenso político de Calles, quien no habiendo sido un partidario y jefe militar en la insurrección maderista, se benefició al ser nombrado comisario de Agua Prieta por el gobernador Maytorena, quien lo veía con buenos ojos y lo nombró como tal como una forma de “premio de consolación” después de perder la elección a diputado local por el distrito de Guaymas que quedó a manos de De la Huerta y Torcuato Marcor. El tercer capítulo de este parte “La defensa regional. El orozquismo en Sonora”, trata sobre el peligro amenazante que representó la rebelión armada del ex lugarteniente maderista Pascual Orozco, quien se sublevó en contra del presidente en marzo de 1912 por no ser compensado de manera honrosa después de los servicios que le ofreció. La revuelta de los “colorados” fracasó militarmente en mayo, pero le quedaron cientos de hombres y decidieron invadir a Sonora al infiltrarse por la zona serrana, y que el gobierno local no estaba del todo preparado para hacerle frente. HAC destaca la aparición de un caudillo que no tuvo participación alguna en la revolución maderista y que fue clave en el éxito final de las fuerzas locales sobre los rebeldes chihuahuenses: Álvaro Obregón Salido. Después de varios meses de incertidumbre, el gobierno local finalmente eliminó esta rebelión (octubre), con lo cual Obregón legitimaba su status de presidente municipal de Huatabampo que había ganado de manera dudosa.

Tercera parte. Esta es la parte más voluminosa de LFN, ya que comprende 193 páginas agrupadas en tres capítulos. En el primero “La guerra institucional”, el quintanarroense reseña las principales rebeliones (de Zapata, Orozco, Félix Díaz y Bernardo Reyes) que tuvo que enfrentar Madero desde su ascenso al gobierno nacional en noviembre de 1911 hasta el inicio del cuartelazo de febrero de 1913, en las cuales contó con el respaldo del ejército federal, integrado en su mayoría por veteranos porfiristas de carrera. El posterior suceso de la “Decena trágica” en la capital nacional, que contó con la colaboración del general Victoriano Huerta y del embajador estadounidense Henry Wilson (en complicidad con el rebelde de Díaz) y que concluyó con la renuncias del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, trastocó la tranquilidad política en Sonora porque muchos revolucionarios vieron cómo la legitimidad maderista se diluía al saber que Huerta, un hombre leal al porfirismo, ascendía a presidente de la República a través de un puente “legaloide”. El gobernador Maytorena en vez de tomar una postura radical en contra del nuevo presidente, decide pedir al congreso local una licencia de seis meses por cuestiones de “enfermedad” y se traslada a Tucson, Arizona ante la protesta de muchos maderistas sonorenses que esperaron una mejor respuesta. El congreso local nombró como gobernador interino al diputado sonorense Ignacio L. Pesqueira, quien en breve se pronunció en contra del usurpador con apoyo de la misma legislatura a finales de marzo. El argumento principal de los sonorenses al tomar las armas fue para defender la soberanía de su estado frente a la imposición militar del gobierno federal, aunque nunca proclamaron una independencia. Pese que el estado aun conservaba sus fuerzas revolucionarias después del triunfo maderista y la rebelión orozquista, el número era inferior a las federales que estaban asentadas en los principales centros urbanos. El gobernador Pesqueira dividió a la entidad en tres sectores militares, adjudicando las prefecturas a Salvador Alvarado (en el centro), a Juan Cabral (en el norte) y Benjamín Hill (en el sur), quienes a su vez quedaron bajos las órdenes de Obregón como Jefe de la Sección de Guerra. El principal objetivo de los jefes sonorenses fue tomar Nogales, por considerarlo un punto clave en el cobro de rentas aduanales tanto en la exportación de ganado y metales industriales, por la adquisición de armas y equipo, y ganar la simpatía del gobierno de Arizona. La tarea no fue fácil por los riesgos que se podían presentar ante una eventual derrota frente a las fuerzas federales. Al final, este objetivo se alcanzó, quedando pendiente Guaymas en donde se concentraba la mayor parte del ejército federal. En el segundo capítulo “La rebelión administrada”, trata de la participación formal del gobernador coahuilense Venustiano Carranza al elaborar el Plan de Guadalupe a finales de marzo (1913) con el cual desconocía no solo a Huerta como jefe del Ejecutivo, sino también los poderes judicial y legislativo de la nación, y además se autoproclamaba Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Pese a esto, Carranza militarmente estaba en desventaja frente a Huerta, motivo por el cual vio en Sonora su única salida al saber que existía un ejército formal para iniciar su plan revolucionario, y a la vez los sonorenses vieron en él un punto de solución entre los grupos militares que deseaban tener el control absoluta en la entidad. En abril con la celebración de la Convención de Monclova entre representantes de los gobiernos de Coahuila, Sonora y Chihuahua, los sonorenses entregaron formalmente el liderato de su movimiento regional al Primer Jefe quien a su vez el dio el toque de un movimiento nacional de gran relevancia. En una guerra de tipo regional como la que desarrollaron los sonorenses, el factor financiero fue un elemento clave en las aspiraciones de éxitos, principalmente para mantener el sueldo de los miles de soldados. Ante esto, el gobernador Pesqueira tuvo que negociar con la CCCC para evitar paros de producción y a la vez hacerla parte del movimiento armado al fabricarle material bélico, a cambio de ciertas concesiones. La aplicación de impuestos aduanales sobre productos regionales, fue otra alternativa para obtener dinero en efectivo como lo fueron la exportación de ganado, la producción de harina de trigo y la venta de derechos de concesión a particulares para que explotaran fundos mineros abandonados. Los brokers fuero agentes intermediarios del gobierno estatal que tuvieron un papel importante para las relaciones comerciales y ganar la simpatía del pueblo y gobierno de los Estados Unidos. La participación de los yaquis fue otro factor en beneficio del ejército estatal para tratar de derrotar al grueso de las fuerzas federales acantonadas en Guaymas, aunque nunca se alcanzó dicho objetivo. El ingenio nato de Obregón como un gran estratega fue otra vez clave en las victorias obtenidas en Santa Rosa y Santa María para confirmar su valía y legitimar su carácter de revolucionario. Pero después del control militar en la entidad, pronto empezaron a surgir problemas entre los jefes sonorenses ante el pronto regreso del gobernador Maytorena generándose un clima de tensión política por reconocer su autoridad o seguir bajo las órdenes de Pesqueira. Al final, dos facciones se formaron antes de que Maytorena volviera a resumir el ejecutivo estatal. En el tercer capítulo “Divide y vencerás”, el autor analiza la situación que el hacendado guaymense debía hacer para retomar el control de la política en el estado después de cinco meses de estar ausente, ¿pero lo lograría ahora que Carranza jugaba el papel de jefe principal del movimiento sonorense? Por su parte, el interino Pesqueira vio truncado sus deseos políticos para ganar popularidad entre los sonorenses al pretender celebrar elecciones extraordinarias a poderes legislativo y judicial, las cuales quedaron canceladas por el regreso anticipado del guaymense quien reasumió su cargo. Por otro lado, Obregón tuvo el dilema de definirse a favor del gobernador constitucional o seguir al lado de Carranza con el fin de asegurar su futuro político y militar. Con el fin de obtener recursos económicos, el gobernador Maytorena emitió tres decretos para lograrlo, entre ellos el subsidio forzoso de guerra aplicado a bienes de particulares como de cabezas de ganado y la intervención de ausentes. Estas medidas le ganaron en el futuro la empatía de varias familias de jefes revolucionarios. El problema yaquis fue otro asunto de interés para los jefes sonorenses, que pese a su alianza con Obregón a cambio de la promesa de devolverles las tierras arrebatadas durante el régimen porfirista, realizaban actos de barbarie y por existir problemas entre ellos al dividirse en dos bandos: yaquis mansos y yaquis broncos. Con el paso lento pero avasallador de las fuerzas constitucionalistas sobre los federales rumbo a la capital del país, más se grande se hacía la fractura entre Maytorena y Carranza, y aquellos que apoyaban a uno como al otro. Sonora se estaba convirtiendo en un polvorín que podría estallar generando graves consecuencias. Para rematar, la rebeldía de Francisco Villa frente a las órdenes del Primer Jefe durante la toma de Zacatecas, fue otra circunstancia que aprovechó Maytorena para entablar sus primeros intentos de una alianza en junio de 1914. Finalmente el 13 de agosto, Obregón previa orden de Carranza, se hizo formalmente cargo de la capital, pero en Sonora la situación era cada más difícil para Maytorena quien sufría su abismo político frente a la fuerza militar de Calles, que más tarde terminaron como rivales durante la “guerra de facciones”.

Cuarta parte. Es la más breve de todas con 48 páginas y se compone de un sólo capítulo “Antes del reino (1914-1920)”, incluso podría quedarse fuera de la LFN ya que funge como un resumen global del periodo en cuestión. Esto ha sido visto como un legado de brechas historiográficas importantes que han aprovechado historiadores y estudiantes para profundizar o contradecir las posturas de HAC. Abarca la parte final del gobierno maytorenista que va en decadencia y la pérdida de popularidad del hacendado por las políticas fiscales y sociales que impuso a la población en general para hacerle frente a la guerra civil en contra de los carrancistas. Estos poco a poco fueron ganando terreno en la entidad, después de la ruptura que se dio tras el éxito obtenido sobre Huerta en agosto de 1914. La alianza formal que el guaymense estableció con Villa después de la Convención de Aguascalientes, generó el disgusto de Carranza y de Obregón quienes lo trataron como un “traidor” a la causa revolucionara después de derrotarlo militarmente en noviembre de 1915. A medida que transcurrieron los meses de batallas, más fuerte se fue haciendo el descontento del pueblo sonorense en contra de Maytorena, incluso de sus propias fuerzas armadas y principales seguidores que vieron cómo el estado se derrumbaba económicamente hasta quedar destrozado al iniciar el año de 1916. HAC compara esta penosa situación con la que vivieron los sonorenses durante los años de la guerra civil entre José Cosme Urrea y Manuel María Gándara ochenta años atrás. Una vez desterrado el hacendado guaymense del país, Carranza nombró como gobernadores provisionales a De la Huerta y Plutarco Elías Calles quienes emprendieron importantes tareas de reconstrucción económica a través de reformas que beneficiaron a sectores afectados y marginados por la poca o nula actividad productiva en el campo agrícola e industrial que provocó dicha guerra civil. Estos años también sirvieron a los jefes carrancistas, en especial a Calles, para tomar a Sonora como un laboratorio regional en la aplicación de medidas radicales y moralistas que más tarde trató de aplicar en el contexto nacional. Fuertes problemas tuvieron que enfrentar y resolver los gobernantes sonorenses en este periodo antes de rebelarse en contra del presidente Carranza con el Plan de Agua Prieta y su posterior ascenso al gobierno nacional en mayo de 1920. Entre estos estuvieron la regularización de tierras y terrenos baldíos que fueron abandonados por sus dueños legítimos o aquellos que fueron arrebatados de manera arbitraria durante los años previos. Otro fue el que se generó entre los obreros y mineros de los principales centro mineros, como de la CCCC, y los dueños de estos por problemas laborales, lo que dio origen a la fundación de la Cámara Obrera durante el gobierno de De la Huera (octubre, 1916). Y por último, el eterno problema con los yaquis que continuaron “alzados” sin control después de la guerra civil al ser parte de las fuerzas armadas de Maytorena y que una vez terminada, se dedicaron a cometer robos en haciendas, asesinatos, asaltos en caminos y daños en propiedad ajena. Los pueblos y comunidades del sudoriente de la entidad fueron las que sufrieron principalmente sus actos. Fue hasta en enero de 1920 cuando fueron calmados gracias en gran medida a la política conciliadora de De la Huerta.
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Un dato a discutir que escribió HAC en el prefacio de LFN, fue el hecho de incluir un fragmento del Diario de Francisco Gamboa, 1892-1939 correspondiente del día 13 de diciembre de 1923 y que dice “Sonora es el estado más alejado de nosotros. Para convencerse no hay sino registrar nuestra historia nacional […] no se encontrará en ésta un solo hecho ¡ni uno solo! que revele la menor solidaridad con nuestros muchos dolores y nuestras escasas alegrías. Tampoco se hallará un solo individuo que haya coadyuvado en nada nuestro…” Esto es el sentido que supuestamente antes de la intervención formal de los sonorenses en el contexto revolucionario de 1913, no hubo uno que se hubiera involucrado en el contexto nacional. De lo poco que he sabido a través del tiempo, es que sí existieron por lo menos tres sonorenses que tuvieron fuerte presencia en el contexto nacional. Primero está el caso del general federalista José Cosme Urrea (nacido en Tucson, cuando fue parte de Sonora) que luchó antes de la primera mitad del XIX en otros estados del norte mexicano en contra de los centralistas. El segundo caso es del general conservador Félix Zuloaga (nacido en Álamos), que fue presidente del país de manera breve durante la Guerra de Reforma, y por último el caso de Ramón Corral que fue gobernador del Distrito Federal en 1900, más tarde vicepresidente de la república (HAC lo consta en el libro) y el posible sucesor de Díaz en caso que éste falleciera por su longeva edad.

Entre las fuentes que el autor utilizó para argumentar su obra fueron de archivos públicos (nacionales y extranjeros), documentos históricos-originales que van del siglo XIX hasta mediados del XX (como crónicas, estadísticas, memorias personales, albúmenes económicos, libros, informes de gobierno), periódicos de la época de estudio (aunque no los menciona en el apartado de “Fuentes”) y bibliografía (libros, tesis tanto en español como en inglés). Entre los archivos consultados destacan el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional, el de la Secretaría de Relaciones Exteriores (ambos localizados en la capital) y el Archivo del Gobierno del Estado de Sonora (AGES), éste último en Hermosillo y del cual HAC usó mayor documentación. Curiosamente, cuando yo revisé documentos de este archivo hace unos años para el periodo 1915-1919, encontré varios que utilizó él pero que al menos en esta edición de Cal y Arena, no desglosa la nomenclatura de manera minuciosa como yo lo hice en mi tesis de investigación. Pero no pudo asegurar si lo hizo de manera completa en la versión de “La Revolución Sonorense” (1975).

Entre los libros históricos que el quintanarroense utilizó y que yo he encontrado en su versión original a través del tiempo, están Sonora histórico y descriptivo (1894) de F. T. Dávila, México y sus progresos. Álbum-directorio del estado de Sonora (1907) de Federico García y Alva (director y director), El estado de Sonora y su situación económica (1910) de Pedro N. Ulloa. Por supuesto hay que añadir las dos grandes obras clásicas de la Revolución Mexicana en el contexto regional y de corte romántico: La revolución en Sonora de Antonio G. Rivera (1969) y La revolución en el estado de Sonora de Francisco R. Almada (1971).

Después de 34 años de publicarse por primera vez en libro, LFN sigue vigente como consulta y referencia bibliográfica al ser citada en una gran cantidad de artículos, ponencias, libros y sobre todo tesis (a nivel licenciatura, maestría y doctorado) que han tratado algún tema de investigación relacionado con el periodo porfirista y revolucionario. Pero no sólo ha sido referente en trabajos de investigación regional y nacional, sino también a nivel internacional, como son los casos de “Plutarco Elías Calles and the Revolutionary Government in Sonora, México, 1915-1919” del británico Edward McNeil Farmer (tesis de doctorado, Trinity College-Cambridge, 1997), Thread of Blood de Ana María Alonso (The University of Arizona Press, 1995), Persistent Oligarchs de Mark Wasserman (Duke University Press,1993), In the Shadow of the Eagles de Miguel Tinker Salas (University of California Press, 1997), Plutarco Elías Calles and the Mexican Revolution de Jurgen Buchenau (Rowman & Littlefield Publishers, Inc., 2007), entre otros más.

Por último, este libro editado por Cal y Arena lo adquirí en octubre del 2004 cuando un profesor que tuve en la universidad me hizo el favor de comprarlo cuando viajó a la Ciudad de México. Pero debo confesar que este es el único libro que pude haber robado si es que aun no lo hubiera conseguido, pero eso no pasó. Para terminar, no quise pasar la oportunidad de escribir esta reseña de LFN porque uno de mis libros favoritos. También aprovecho para enviarle un gran saludo al doctor HAC, que aunque muchos críticos dicen que es priista y la verdad a mí esto me tiene sin cuidado. Ha dejado ya su huella historiográfica en el contexto sonorense revolucionario.



Fuente: información obtenida del libro en referencia

Fotografía: Portada de La frontera nómada/ tomada por Eduardo Marcos

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Friday, March 26, 2010

Archivo General del Estado de Sonora. Un acervo valioso y descuidado por sus autoridades locales




Para el ilustre cronista y microhistoriador Juan Ramírez Cisneros, de Guaymas, Sonora.

Por Eduardo Marcos

Introducción

El Archivo General del Estado de Sonora (AGES) es una dependencia pública que forma parte de la Secretaría de Gobierno estatal, y que con el paso de los años es considerado sin discusión alguna, como el acervo histórico y documental más importante en la entidad. No solamente ha sido consultado por investigadores/ estudiantes locales, sino también por nacionales provenientes de otras latitudes y centros de investigación. Aunque parezca algo difícil, ha sido visitado también por gente del extranjero, principalmente de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España en busca de información para argumentar y construir sus trabajos profesionales (tesis) de investigación.

Este recinto documental no sólo ha tenido como sede el edificio que hoy ocupa en la actualidad: la calle Garmendia en más de veinte años, pues a lo largo de su historia ha tenido como sede varios sitios debido a cuestiones administrativas y de espacio. Sin embargo, este sitio no es el adecuado, ya que no cuenta con los requisitos necesarios para ser su albergue y digno a su altura. Por otro lado, ha sufrido modificaciones en su nombre porque anteriormente era conocido como Archivo Histórico del Gobierno del Estado de Sonora (AHGES); pero en realidad, son pocos los historiadores que saben cuál es su nombre oficial y que también ha pasado por desapercibido: Dirección General de Archivo y Documentación (DGAD).

Sin embargo, los nombres anteriormente señalados no reflejan el contenido verdadero de este archivo. Sería más conveniente que se llamara por decreto estatal Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Sonora, pues sólo concentra información de ese poder local, ya que los otros dos poderes locales cuentan con sus respectivos archivos que están totalmente desligados del AGES. Quizás al principio sí concentra información de los tres niveles, pero después se fue sacando esa información para ser entregada a los poderes Legislativo y Judicial.

Este archivo tiene su origen de creación cuando se dio la fragmentación política y definitiva entre Sonora y Sinaloa (que entonces constituían el Estado Unido de Occidente) en octubre 1831 a través del Acta Constitutiva federal y que Sonora tuvo como primera capital la ciudad de Hermosillo en ese mismo año. Es posible suponer que el archivo cambiara de sede durante el turbulento siglo XIX por cambios de capital a otras ciudades, como lo fueron Arizpe y Ures, ésta última fue capital de manera continua de 1847 a 1879 cuando los poderes locales regresan a Hermosillo para quedarse definitivamente.

El presente texto es resultado de mi amplio conocimiento y experiencia de trabajo que he realizado en este acervo durante varios años, desde marzo del 2004 cuando fui a consultarlo por primera vez: unas veces por “hobby” y otras por actividades de investigación. En las siguientes líneas haré una amplia descripción de lo que es y lo que guarda en su interior el AGES, el cual consta con cinco grandes secciones de documentación a saber: el Fondo Ejecutivo (el más importante y con más tomos), el Fondo de Notarías, el Fondo de Prefecturas, el Fondo de la Oficialía Mayor, el de Títulos primordiales, la colección del Boletín Oficial y otros tipos de documentación de menor difusión.

Aclaro que este texto es sólo una gran guía y no algo definitivo, completo o absoluto, de aquí que deba tomarse como una introducción. La dirección completa del AGES es Calle Garmendia Sur no. 157, casi esquina con avenida Serdán, en Hermosillo, Sonora y la imagen que ilustra este texto es del edificio que alberga dicho archivo (que fue tomada con mi cámara digital SONY Caber-shot de 10.1 megapixels). El horario de servicio y consulta de los documentos histórico,s es de 8: 00 a.m. a 2: 30 p.m., de lunes a viernes, excepto días festivos y puente.

El Fondo Ejecutivo, el más voluminoso y consultado; Prefecturas y Oficialía Mayor
Este fondo contiene documentación que va del año de 1797 al año de 1897. La información que resguarda está contenida en expedientes (folders) y éstos a su vez en cajas de cartón duro (en color negro) para una mejor protección y que se denomina como tomos. Por lo que respecta a las dificultades o facilidades que se tienen que enfrentar al momento de revisar los tomos de este fondo, son las siguientes. Para empezar, en el interior de la sala de consulta de este archivo, se tiene a disposición varias guías o libros especiales que sirven para realizar una rápida búsqueda al momento de buscar algún tema determinado.

En el caso de este fondo, existe una guía en forma de carpeta que consta de 74 cuartillas, las cuales son una amplia relación de temas disponibles a consultar, como los siguientes: administración estatal, asuntos eclesiásticos, campañas antiapaches, construcciones públicas, expedición de decretos, elecciones (municipales, estatales, federales), enfermedades y epidemias, Hacienda pública, indígenas (como yaquis, mayos, seris, ópatas), rebeliones y todos tipo de movimientos similares en contra del gobierno, intervenciones e invasiones extranjeras, temas de milicia, nombramientos políticos, terrenos y Tesorería.

En el Fondo Prefecturas existen documentos muy parecidos al fondo anterior, sólo que son menos en temas y tomos. En general, se refiere más bien a documentación de tipo gubernamental que expidieron los prefectos políticos de Sonora durante la mayor parte del siglo XIX. Los temas más relevantes que se identificaron, según el índice que se dispone son sobre Ministerios, Legislaturas, Congresos, Prefecturas, Ayuntamientos, Hacienda, Tesorería general, elecciones, consulados, educación, Justicia, registro civil y de Apaches. El tipo de material de los tomos de este fondo, a diferencia con los del Ejecutivo, es más rústico en el tipo de cartón que representa el tomo y que no se subdividen en expedientes. Esto ha provocado que este tipo de documentación tienda a deteriorarse más pronto.

Además, es importante resaltar que documentación de este fondo ya no está disponible (aparecen anotaciones en color amarillo) en la guía, pues al parecer en el año 2003 ésta fue traspasada de manera irresponsable al Ejecutivo, ahora con una nueva nomenclatura. Esto ha provocado entre algunos investigadores/ historiadores molestias cuando vuelve a consultar aquellos tomos traspasados, pues llevan la referencia que trabajaron antes del 2003, y ahora tendrán que batallar para volver a localizar aquella documentación que originalmente estaba en el Prefecturas.

Continuamos con el Fondo de Oficialía Mayor (que sería como la segunda parte del Ejecutivo), contiene documentación que comprende del año de 1900 a 1930. Existen seis “libros-índices” que se dividen en varios periodos. En el interior de cada uno de estos “libros-índices” hay decenas o centenares de tomos, en los cuales se pueden apreciar temas interesantes y en mayor cantidad como los siguientes: economía, elecciones, política, decretos, alcoholes, industria, extranjeros, minería, producción harinera, finanzas, revueltas indígenas, educación, seguridad pública, etc. Sin lugar a dudas, este periodo del México independiente en Sonora ha sido el más socorrido por estudiantes e historiadores locales, pues ha proporcionado material para varios trabajos de tesis a nivel licenciatura, maestría y doctorado en Historia por instituciones como la Universidad de Sonora y El Colegio de Sonora.

Estos “libros-índices” son de gran utilidad para el usuario porque facilitan una búsqueda más ágil y directa, sin tener que revisar tomo por tomo para encontrar la información deseada, lo cual sería una larga, ingrata y poco fructífera tarea, en aras de administrar tiempo y esfuerzo. Sin embargo, varias de estas “guías” ya están en malas condiciones de conservación, pues se aprecian pequeñas roturas, pequeños pedazos fragmentados, letras y números poco visibles. También existe información que no corresponde con los datos señalados o que de plano ya no existe (al parecer fueron hurtados) y por si fuera poco, no hay un respaldo (en fotocopias o electrónico) de estos “libros-índices”.

Fondo de Notarías: una fuente rica y poco explotada
Ahora es pertinente comentar el tipo de documentación que se concentra en este fondo, el cual se divide en dos secciones: “Notarías siglo XIX” y “Notarías siglo XX”. La primera consta con aproximadamente 340 libros de protocolos empastados en cartón duro, que fueron redactaron principalmente notarios públicos y jueces de instancia y que abarca los ocho distritos políticos en los que estuvo dividida la entidad durante el siglo XIX. Muchos de estos libros comprenden el periodo 1867-1902 para los casos de Hermosillo, Guaymas, Álamos y Magdalena con mayor cantidad de información disponible. Desgraciadamente no existe un índice o guía formal para esta sección del siglo XIX, por lo que cada investigador (o ayudante, en su defecto), deberá revisar cada tomo, tomando en cuenta el periodo y el distrito que desea investigar hasta encontrar lo que busca. Varios de estos libros han sido retirados de su área original, pues ha sido infestados por termitas.

La segunda sección “Notarías Siglo XX” es más rica en materia prima y se subdivide en dos series: Notarios y Jueces. Existen en total aproximadamente 150 cajas en cartón plastificado, y cada caja comprende 8 libros, lo que da un total de 1 400 libros y comprenden un periodo de 1902 a 1933 sobre las principales ciudades como Hermosillo, Guaymas, Álamos, Cananea, Nogales y Magdalena, principalmente. En este caso, se cuenta con una voluminosa guía en forma de carpeta que se divide en dos partes para una mejor consulta.

El tipo de información que cuenta esta sección es sobre actas notariales que tratan temas relacionados con testamentos, constitución de compañías mercantiles, de industrias, centros mineros; traspaso de poderes, compra-ventas de propiedades (fincas rústicas, terrenos, casas), confiscación de propiedades, convenios entre particulares y gobierno, entre otros temas más. Lo interesante de esto es que aparecen nombres de importantes figuras del campo de la política, milicia, empresarial del Estado en aquellos años como Ramón Corral, Luis E. Torres, José María Maytorena, Luis A. Martínez, Álvaro Obregón, entre otros. Como puntos negativos es que varios libros están en pésimas condiciones porque también han sido “invadidos” por termitas, lo cual limita su consulta por parte del usuario.

Sección del Boletín Oficial y otros periódicos

Está la sección del Boletín Oficial del Gobierno del Estado de Sonora, medio impreso en el cual el Ejecutivo local en turno ha emitido decretos, leyes, reglamentos, acuerdos, etc. de 1915 a la fecha y tiene su origen desde la época del gobierno provisional del general guaymense Plutarco Elías Calles. El actual Boletín Oficial es una de las fuentes hemerográficas poco explotadas por los actuales historiadores, pero que a través del tiempo ha sufrido importantes modificaciones en su estructura y contenidos. La primera edición de este medio oficial, también subtitulado “Órgano del Gobierno Constitucionalista”, salió a la luz pública el día 13 de septiembre de 1915, editado en la población fronteriza de Agua Prieta, Sonora, sede aún del gobierno militar encabezado por Calles.

Los primeros siete números de este medio se editaron en la fronteriza población de Agua Prieta, hasta que concluyeron las batallas entre las facciones rivales en noviembre de 1915 con la victoria definitiva del jefe guaymense. Este a su vez trasladó su gobierno a la capital del Estado, saliendo el número ocho el 11 de diciembre ya en Hermosillo, todavía a cargo de la Secretaría de Gobierno. Durante los nueve meses que el jefe revolucionario estuvo al frente del gobierno estatal, emitió varios decretos relacionados a su política socioeconómica y moral, así como disposiciones, leyes, avisos y circulares. Con el tiempo a este medio se le fueron agregando resoluciones de pleitos legales, anuncios de interés público y todas aquellas disposiciones que el gobierno federal enviaba al gobernador para su respectivo cumplimiento.

Es hasta la edición número 3 Tomo III del 15 de julio de 1916, cuando aparece su primer director, cargo que recayó en Salvador Escudero nombrado por el siguiente gobernador provisional, Adolfo De la Huerta. Es importante señalar que este medio sustituyó a otros órganos oficiales como El Estado de Sonora del derrotado gobierno de José María Maytorena (1911-1915) y a La Constitución del régimen porfirista local, para perpetuarse hasta nuestros días. En la década de los años veinte, su tamaño en tabloide cambió a carta para un mejor manejo.

Hoy en día la mayoría de los números del Boletín Oficial publicados dentro del contexto revolucionario (1915-1927), se encuentran encuadernados en libros de pasta dura por periodos de dos o tres años, aunque algunos de éstos se encuentran en malas condiciones para su consulta debido a lo deteriorado del papel por el paso de casi 100 años de historia. Este tipo de fuente es esencial para quienes deseen investigar este periodo, por lo que sería conveniente que fueran microfilmados o digitalizados para preservar su valioso contenido, que por sí mismos constituyen la memoria histórica del pasado sonorense.

Además del Boletín Oficial, existen otros medios oficiales y “cuasi-oficiales” que también son históricos y que están encuadernados en pasta gruesa. Me refiero a La Estrella de Occidente de Ures y La Constitución de Hermosillo. Al igual que el Boletín Oficial, varios de ellos están en malas condiciones lo cual impide su consulta por parte del personal encargado, particularmente La Estrella de Occidente que tiene más de siglo y medio de existencia (y también por su extenso tamaño). Su primer número fue emitido en 1859, bajo el régimen del general Ignacio Pesqueira García. En cuanto a La Constitución, existen pocos números disponibles, especialmente para el periodo 1900-1910.

Además de los anteriores, existen otros periódicos denominados “cuasi-oficiales” que surgieron después de 1915 en las principales poblaciones del estado y que fueron subsidiados por los gobiernos provisionales tanto de Calles como de Adolfo De la Huerta. Entre estos fueron Orientación fundado en Hermosillo (1915), La Montaña en Cananea (1916), La Razón en Guaymas (1916), La Palabra en Nogales (1916) y Savia Nueva (1916). Los cuatro últimos fueron a iniciativa de De la Huerta y perduraron hasta 1922 en general. Actualmente sólo existen algunos ejemplares de cada uno de los cinco, y varios de ellos están en proceso de deterioro por el paso del tiempo, uso y mal cuidado. Es posible que existan otros periódicos posteriores a 1920 y de otras poblaciones sonorenses.

Fondo de Títulos primordiales

De todos los fondos existentes, este es que menos he consultado a lo largo de estos años. Se refiere más bien a terrenos y tierras con sus respectivos nombres, los cuales se localizan (o localizaron) en los ocho distritos políticos del siglo XIX, pero principalmente de Hermosillo, Alamos, Ures y Arizpe, según la guía de relación que se dispone para este fondo. Es tipo de documentación abarca desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XX. Existen actualmente 67 tomos (cajas de pasta dura en color negro), los cuales agrupan poco mas de 850 expedientes (un tomo contiene en promedio entre 10 y 14 expedientes.

Sin embargo, al revisar el primer tomo (I), la información que contiene comprende en su mayor parte años de 1831 y 1832, aunque también hay de 1857 de otros años más distantes. Pero al revisar el último tomo (LXVII) se encuentra con información de diferentes años como de 1894, 1870, 1926 y 1954, por lo que al parecer no están ordenados de manera cronológica ni por distrito político, sino por orden alfabético de los terrenos o tierras. También hay un detalle digno de resaltar, es que buena parte de la documentación de los primeros años del siglo XX ya está mecanografiada (original y copia), por lo que es más fácil su lectura que aquellos documentos que fueron escritos durante la primera mitad del XIX, en los cuales la caligrafía es compleja de descifrar en algunos casos.

Otro tipo de materiales auxiliares para la investigación histórica

Es importante señalar que en el interior del AGES, además de la documentación ya expuesta, se tiene a disposición otros materiales que no son documentos escritos o impresos, pero que pueden servir como complementos para cualquier investigación de carácter histórica. Me refiero a una colección fotográfica compuesta por más de quinientas imágenes originales, que en su mayor parte corresponden a la ciudad de Hermosillo durante la primera mitad del siglo XX sobre construcciones (edificios públicos, calles, plazas, parques) personajes (políticos, gobernadores, líderes, empresarios, gente de pueblo), así como de eventos públicos (desfiles, conferencias, manifestaciones, etc.)

También se dispone de una colección numerosa de mapas y planos extensos y complejos sobre propiedades rústicas y urbanas, principalmente del viejo Hermosillo de finales del siglo XIX y principios del XX. Esto documentos se refieren a la ubicación de edificios públicos, terrenos de cultivos, ranchos, etc. Alguno de ellos fueron hechos a color, otros más a blanco y negro. Pero no sólo de Hermosillo, sino también de otras ciudades del estado como Guaymas, Ures, Álamos, Ciudad Obregón, Nogales, Arizpe, y de otras partes del país, como de Mexicali sobre su trazo urbano.

Por último, en el interior de la sala de consulta de este acervo público, existe una pequeña biblioteca compuesta por varios libros de investigaciones, novelas, crónicas, monografías, memorias de simposios, compilaciones, tesis, enciclopedias, revistas académicas, etc. que en el último año fue reducida cuando en mayo del 2009 hubo una remodelación en toda esta sala y mucho material bibliográfico fue removido de su lugar a otras partes y que aun no han sido acomodados a su sitio correspondiente. Hay varios de libros ya clásicos sobre la historiografía del estado de Sonora, como de Laureano Calvo Berber, Francisco R. Almada, Manuel S. Corbalá, Flavio Molina, Francisco P. Troncoso, Palemón Zabala, Claudio Dabdoub, Horacio Sobrazo, Enriqueta de Parodi, Roberto Guzmán Esparza, Carlos Moncada Ochoa, etc.

Varios de sus libros han sido por donación tanto de los mismos autores como de algunas instituciones educativas o del gobierno (municipal o estatal). Las tesis también son producto de donación, principalmente de estudiantes de nivel licenciatura y maestría que han donado un ejemplar producto de sus investigaciones que realizaron en este acervo. Sin embargo, en sus anaqueles que constituyen esta biblioteca hay desorden, pues hasta los accesorios de limpieza son colocados de manera irresponsable. Hace unos meses, se colocó un anaquel lleno de decenas de tomos del Diarios Oficial de la Federación, que más que por uso solo funge como un accesorio de coreografía, pues casi nadie lo consulta.

Conclusiones

Esta primera experiencia de conocimiento, exploración y trabajo inicial sobre las distintas fuentes con que nosotros tenemos a disposición, es importante para el trabajo histórico. Cabe destacar que en Sonora, pero en particular en Hermosillo, contamos con importantes acervos y archivos públicos, siendo el más consultado el AGES, que resguarda importantes documentos históricos para realizar investigaciones. Además de las bastantes limitaciones que existen en este lugar, aun hay vasta información de la segunda mitad del siglo XX que todavía no ha sido catalogada, por lo que el periodo más accesible a investigar sería entre 1831-1934, de ahí en adelante no es factible por falta de guías y de una buena catalogación.

En las primeras semanas del presente año, he escuchado el rumor que este acervo será cambiado durante el transcurso de este 2010 a otro edificio, pero que tampoco es el idóneo. También se ha comentado que los directivos del AGES y personal académico del Departamento de Historia de la Universidad de Sonora, han firmado un convenio de trabajo para catalogar información con la ayuda de estudiantes de ese mismo departamento. Por último, falta mayor conciencia tanto del gobierno estatal y de sus actuales directivos en preservar de la mejor manera posible este sitio, pues en las pasados sexenios los gobernadores en turno nombraban como directores a personas que no contaban con el perfil idóneo (por amistad o compradazgo), hasta llegar al grado que durante el sexenio del gobernador Beltrones Rivera un ingeniero fungió como tal (algo que no debe de sorprender a nadie), lo cual es algo difícil de aceptar. Pero como dice la Historia misma: “Aquellos que tienden a olvidar su pasado, tienden a volver a repetir los mismos errores en el futuro”.

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